Transformar las Emociones

Transformar las Emociones

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Transformar las emociones es un poder que todos poseemos.

Las emociones bloqueadas son la causa de lo que nos causa dificultad en la vida. Sabemos que tenemos emociones bloqueadas porque estas salen en el momento menos esperado. Por ejemplo, cuando vamos conduciendo, un coche se cruza sin poner el intermitente y nuestra reacción se sube por las nubes. Nos ponemos verdaderamente nerviosos, nuestra adrenalina se dispara y aprovechamos ese momento para liberar un poco de esa ira que vive reprimida en nuestro interior.

Nuestras emociones, creencias y experiencias pasadas generan un patrón emocional.

La solución no es eliminar las emociones, aunque muchas veces pensemos que sí. Cuando sentimos emociones como tristeza, frustración, angustia, ira, etc., en ese momento quizás se nos pase por la cabeza que lo mejor sería que no existieran, pero… ¡no querríamos eso!

Las emociones son mensajeros, están aquí para darnos información sobre nosotros mismos.

Son  nuestras aliadas y aparecen para que las reconozcamos, las escuchemos, las sintamos y si lo deseamos, las transformemos en emociones que nos hagan sentir bien.

Cuando nos permitimos liberar conscientemente emociones que no nos hacen sentir bien, ocurre la transformación.

Liberar conscientemente una emoción no es dejar que salga descontrolada una llamarada de ira cuando un coche se nos cruza. Liberar emociones conscientemente es permitirnos sentirlas en el momento en el que surgen. La llamarada de ira es una emoción pasada que en su momento no fue expresada. Es emoción reprimida. Es una cantidad de energía a la que no se le dejó fluir en su momento. Busca su lugar, que por supuesto no somos nosotros. Pues nosotros no somos nuestras emociones, al igual que no somos nuestros pensamientos.

Es cierto que nuestras emociones y pensamientos crean nuestra realidad, pero no somos nosotros. Donde pones tu atención pones tu energía. Donde pones tu energía generas unos efectos.

 La llave de la verdadera transformación es la alegría.

La alegría, en una situación que nos genera malestar, surge al comprender el porqué está ocurriendo esa situación.

Para comprender la situación, primero tenemos que estar dispuestos soltar la idea de que la situación es tal y como la percibo. Si no suelto esa idea es imposible que mis emociones se transformen. Lo que deseamos es sentirnos mejor, no tener razón. Así que, lo primero que tenemos que hacer es abrir nuestra mente a una nueva percepción de la situación. Esta nueva percepción no la vamos a buscar con la mente, sino que nos la vamos a encontrar.

Puede que mi percepción del porqué está ocurriendo esa situación sea que el destino lo ha querido así. Que es una cuestión de suerte. Porque “Dios” así lo ha dispuesto. Es una cuestión del Karma…. o de “Pepito”, que tiene la culpa. Sea cual sea la percepción del porqué de la situación, lo que sí que está claro, es que hay que soltarla. Pues esa percepción es la que me está generando el malestar. Repito de nuevo, lo que queremos es sentirnos mejor, no tener razón.

Una vez que estamos dispuestos a ver las cosas de otra manera, nuestra mente está preparada para empezar a darle un nuevo sentido a la situación.

Lo siguiente que podemos hacer para descubrir ese nuevo sentido es hacernos una serie de preguntas. Responder a estas preguntas requiere mucha valentía. Hay que ser honesto si lo que queremos es sentirnos bien. Al principio es posible que sintamos incomodidad, por eso se requiere valentía. Esa incomodidad, si se presenta, solo durará unos instantes. Rápidamente se verá transformada en una sensación de liberación.

Cada vez que sentimos una emoción que nos genera malestar detrás siempre se encuentra el miedo.

Puede que leer esto ya nos esté empezando a generar esa incomodidad. Por una parte, puede que nos resistamos a creer que detrás de la tristeza, la frustración o la irá pueda haber miedo. Si miramos en profundidad veremos que miedo es lo único que hay tras esas emociones. Por otra parte, puede que hayamos aprendido que ser valiente es no tener miedo. Que tener miedo está “mal” y ser valiente está “bien”. Las emociones no están ni bien ni mal, simplemente son. Y sin miedo no podríamos ser valientes, para ser valientes necesitamos el miedo.

Una vez dicho esto, vayamos a por las preguntas…

Para hacernos la primera pregunta tenemos que observar la situación que nos genera malestar. Puedes representarla en tu mente o en un papel. Representarla en un papel ayuda bastante. También ayuda escribir las respuestas.

Observa muy bien los detalles de la situación que generan un impacto en ti. Pon la mano en el corazón y pregúntate mientras la observas… ¿De qué tengo miedo? Después pregúntate… y ¿de qué más?, y ¿de qué más?, y ¿de qué más?, profundiza hacia dentro todo lo que puedas.

Puede que al leer estas preguntas estés empezando a generar de nuevo una pequeña resistencia… ¿Esto funciona?, podrías estarte preguntando. Solo hay una forma de averiguarlo, ya sabes.

Después pregúntate, ¿Qué sensaciones genera en mi esta situación?, ¿cómo me siento?

Una vez tengas el sentimiento, pregúntate… ¿Qué situaciones parecidas he vivido antes?, ¿en qué otras situaciones he sentido lo mismo?, ¿cómo me he comportado en esas otras situaciones?

En este momento, tras haber respondido a todas estas preguntas, probablemente ya estemos preparados para recibir la nueva percepción.

Esta nueva percepción vendrá cargada de sentido para nosotros. Comprenderemos la situación.

La alegría de ver que la vida tiene sentido generará una verdadera transformación de nuestras emociones.

Para ello nos podemos preguntar… ¿Qué me está diciendo esta situación?, ¿qué mensaje está intentando transmitirme el miedo con esto?, ¿de qué manera me resulta útil esta situación?

Si hemos ido respondiendo a las preguntas, sin alterar el orden, ahora ya habrán generado una nueva percepción.

Cuando abrazamos con gratitud las cosas que no queremos, los miedos, los problemas, las emociones, el dolor… es cuando el verdadero crecimiento se produce.

Al dar las gracias por el mensaje recibido reconocemos el valor de nuestras emociones.

A lo que te resistes persiste, no porque sea una especie de “maldición”, sino porque La Vida Te Ama y está constantemente tratando de guiarte hacia tu felicidad. Desea que escuches el mensaje que tiene para ti.

Solo se necesita estar dispuesto a cambiar de percepción. Nada más, reconocer que algunas de las percepciones que tenemos no nos conducen a la felicidad. Solo se necesita darse cuenta de que nosotros no somos nuestras percepciones. De que si las soltamos no estamos soltando nuestra “personalidad”. Solo debemos ser conscientes de que lo que deseamos en lo más profundo de nuestro corazón es ser felices, no tener razón.

 

“Cambia tu percepción y cambiarás tu realidad”

 

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